Si cada vez que vemos la vendimia de la Ribeira Sacra en los medios quedamos boquiabiertos, la misma cara se me quedó cuando miré desde la carretera hacia arriba…

Conduciendo desde Anllo rumbo a Castro Caldelas, surcando las carreteras de Sober repletas de castaños, iba pensado donde parar para sacar fotos de la vendimia.

Al entrar en Doade se despeja de árboles y aparece ese paisaje tan familiar donde las carreteras bajan y las viñas aparecen en nuestro camino. Para mi, unas de las carreteras más bonitas para recorrer en cualquier época del año, parte desde Doade y llega a Castro Caldelas, una carretera serpenteada que atraviesa las viñas con más inclinación del mundo.

En nuestro camino aparecen los bancales, ese sistema que trajeron los romanos que copiaron a los fenicios, bancales repletos de cepas, unas con uvas y otras ya vendimiadas. Un paisaje que no deja de sorprender cada vez que pensamos que ahí, hay que hacer la vendimia. Inclinaciones del 70% con terrenos pedregoso, un acto heroico retirar la uva para elaborar uno de los mejores vinos del mundo.

Pasando Abeleda paré para sacar unas fotos de las viñas, eran las 12 de la mañana, una luz perfecta que iluminaba las viñas. Mirando hacia arriba me encontré con un grupo de vendimiadores bastante especial, un terreno muy inclinado y el calor del mediodía…

Entré a la viña y esos vendimiadores me recibieron como si fuera el ‟fotógrafo do periódico”, -‟poñedevos ghuapos que imos saír nas noticias”.

Pedí permiso para sacarles fotos y me recibió Juan Méndez ‟El Panameño”.

Habitante de Castro Caldelas que estuvo 30 años emigrado en Panamá, cuando las cosas se empezaban a poner algo más complicadas retornó a Castro Caldelas, donde su familia tiene un zapatería. Y ahí estaba, con sus 80 años en su viña y con sus amigos de Castro Caldelas.

Entre risas y bromas a ver quién era ‟ o máis ghuapo para salir nas fotos” estaban vendimiando señoras y señores de 80 y pico años, el que más, tenía 86 años.

Entre sus caras de felicidad por salir en las fotos yo alucinaba con ellos, si ya tengo a mi abuelo como referencia con 84 años y trabajando fincas, con esta gente me dejó boquiabierto. A pleno sol del mediodía y con terrenos inclinados, vendimiaban como chavales.

Me contaba que no sabía lo que iba a pasar en 10 años cuando ellos no estuvieran, el 70% de la producción de uvas en la Ribeira Sacra es de pequeños productores ( el minifundismo en Galicia). -¿quien trabajará las tierras? me decía. -La gente joven no quiere trabajar la tierra.

Y entre historias y vasos de vino me invitó a comer con ellos, -vente a vivir a una jornada de vendimia de las de antes, hacemos la vendimia y después nos vamos a comer a Abeleda todos juntos… me regaló uvas recién cortadas y unas botellas de vino de la pasada vendimia.

Una vendimia un tanto especial, porque pude retratar la parte más humana de la vendimia, esos abuelos que trabajan las viñas por amor a su tierra, con esas manos arrugadas y cargadas de historias.