En el corazón de la Ribeira Sacra, entre los ríos Miño y Sil, se encuentra el monasterio de Santo Estevo, uno de los más importantes de Galicia y el mejor conservado.

Atrás quedan sus tiempos como símbolo de una tierra de eremitas, ahora es un parador que hace compatible el turismo con quietud y silencio de un valle recóndito.

Se cree que el monasterio data del S. VI. En él se aprecian los estilos barroco y románico con tres impresionantes claustros: uno románico, uno gótico y otro renacentista.

El edicicio se ordena alrrededor de tres claustros. 

El Claustro de los obispos, la llegada de nueve obispos en los siglos X y XI huyendo de la invasión musulmana hizo de Santo Estevo un lugar de peregrinación.

Hasta aquí acudían los fieles en busca de un milagro y se lo pedían a los obispos yacentes ante el cofre de plata que contenía sus nueve anillos.

En su honor fue contruido en el siglo XIII este claustro, el más antiguo del monasterio. Antaño el patio estaba ajardinado y con una fuente, las misma que hoy adorna la Plaza do Ferro en Ourense.

El Claustro pequeño, demoninado O Viveiro porque antiguamente albergaba una fuente gigantesca, llena de agua, que ocupada toda la superficie del patio. Era el vivero de los monjes, donde conservaban salmones, sábalos, lampreas y ánguilas. De esta forma, en el monasterio siempre había pescado fresco.

El Claustro de la portería, tambien denominado el claustro grande o claustro dos Cabaleiros. Es el claustro que nos abre las puertas al parador.

Las antiguas estancias monacales se convierten en habitaciones para nuestro descanso en el silencio del valle y el murmullo de la naturaleza. Amplias habitaciones, algo más grandes donde antiguamente descansaban, dormian y oraban los monjes del monasterio. Detalles cuidados, maderas con piedra entre sábanas de algodón que hacen de nuestro descanso un retiro entre piedras ancestrales.

Para poder disfrutar al cien por cien del monasterio, su magia silenciosa y poder pararse ante piedras que vieron pasar muchos siglos de historia tienes que alojarte en el parador.

Es visitable de forma libre, pero no todo. Para las partes más importantes y bonitas, tienes que ser huésped de esos siglos de historia.

Pasear por la noche por el monasterio es un lujo para la vista y los oídos.

Visitar los claustros con el ruido de la naturaleza que nos rodea, más que contarlo, merece nuestra estancia en el parador.

Santo Estevo: por qué es el mejor de España