El bosque de A Fervenza, hoy en día, es el enclave de máxima protección de la Reserva de la Biosfera Terras Do Miño.

Carballos centenarios, charcas, lagunas, molinos, fervenzas, microclima, telares, ferreiros, muiñeiros,…

En el año 2007, recibió a manos de la ONG Bosques sin Fronteras, el premio al bosque del año. En el podemos encontrar carballos con 300 años, garzas por el río, rápidos y enormes setas otoñales debido al microclima de la zona… y tan sólo poniéndote unas botas y recorriendo unos de los caminos que parten de la Casa Grande de A Fervenza.

Desde la casa parten dos caminos, uno río abajo que nos llevará durante una hora por el borde el Miño hasta el río Neira, y otra de 14 km. río arriba, hasta la ciudad de Lugo que se puede realizar en 4,5 h.

El bosque de A Fervenza, debido a las crecidas durante el otoño e invierno, se convierte esporadicamente en un bosque inundado, único en Galicia. Cuando las aguas bajan, forman misteriosas lagunas y con la fuerza que lleva el río, deja al aire las enormes raíces de los centenarios carballos.

Todo esto lo descubrí el domingo por la mañana. El sábado despúes de la comida en A Fervenza, volvimos décadas atrás de la mano del señor José, nuestro enérgico y encantador guía.

¿Quién es el señor José?

El señor José, es la energía de A Fervenza, tiene 82 años y desde hace muchos lleva ligado a la casa grande. El fue el ferreiro, el muiñeiro, el levanto las piedras de la casa, el las transporto en los carros, arregló el molino, el llevó el sistema venturi a la herrería del molino, el construyo con sus manos desde los viejos aparatos que ayudaba con el trabajo de la casa, hasta las actuales mesas de pino del restaurante.

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El señor José es el guía del museo etnográfico de la casa, nos explicó como funcionaba el trabajo del Ferreiro, y como revolucionó el sistema venturi en esta profesión. Un sistema donde el agua ejerce presión sobre el aire, y ese aire a presión a través de tubos, ayuda al ferreiro para no utilizar la fragua manual.

Nos enseñó la Moa, ayudada por un sistema de caída de agua. Nos explicó el telar, y como artesanalmente, hacían las mantas de lana y lino.

Sacando su energía y gran sonrisa, puso el molino a funcionar, accionando todos los mandos que desbloqueaban el paso del agua y el freno de las piedras. Las famosas muiñeiras comenzaron a sonar con el tac tac de las piedras.

Con las historias del señor José, nos cayó el atardecer encima paseando por los restos de los antiguos molinos, este que fue restaurado data de antes del S.XVIII, y gracias a Norman, por su grandeza de conservar y mostrar esto a todo al mundo, podemos disfrutar de A Fervenza en su máximo esplendor.

Os recomiendo muy encarecidamente que hagáis una visita al conjunto etnógrafico de Os Teixois, guiados por el señor José.

Disfrutar del Bosque de A Fervenza, pero sobre todo respetarlo, para que otros puedan disfrutar de él también.